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domingo, 6 de octubre de 2013

Cristóbal de Mondragón



Aquel hombre de origen vasco, pero nacido en Medina del Campo en 1514, se gastó media vida, y más que media, una vida entera, setenta años luchando por España, despachando calvinistas y protestantes en los Países Bajos, donde su bravura y su bonhomía (se guardaba la sangre solo para el campo de batalla), su valor y su genio militar le valieran un gentil sobrenombre, El Coronel. Y lo fue, y antes soldado, alférez, capitán, maestre de campo, gobernador de villas conquistadas y reconquistadas. Experto en el vadeo de ríos y mares, fue también un militar que siempre supo de la importancia del espionaje y de los servicios secretos como una baza decisiva para obtener la victoria. Se llamaba Cristóbal de Mondragón y fue otro de los grandes héroes de nuestros Tercios.

En 1532, siendo un mozalbete de 18 años se alista en el ejército, bajo el reinado del emperador Carlos V y luego, con los años, demostraría su coraje en los campos de batalla de Italia, Túnez, Provenza, Alemania y Flandes.
Primeras heroicidades

Sus ejemplos de bravura empezaron pronto. Por ejemplo, en la batalla de Mühlberg, hoy en Brandeburgo, contra los luteranos de la Liga de Esmascalda. Allí andaban los germanos dándonos guerra por todas partes, y en estando acampados a orillas del Elba habían cortado todos los puentes lo que suponía un impedimento enorme para las tropas del Emperador.

Pero en estas que el tal Mondragón se echó la espada a la bocay con el agua al cuello y bajo un intenso fuego de moquete, acompañado de otros nueve de los nuestros consiguió recuperar varios pontones y así facilitar un paso para el ejército imperial, dirigido en persona por Carlos V y el Duque de Alba. Echado pie a tierra, y en vista del éxito, el Emperador nombró alférez ipso facto al bueno de Mondragón. Más adelante, nuestro volvería a demostrar que era un experto en operaciones anfibias, realizadas con el agua hasta la barba y los arcabuces sobre la cabeza.
Siempre luchando

Pero Cristóbal de Mondragón no iba a parar. En abril de 1559 fue nombrado gobernador de Damvillers en el Ducado de Luxemburgo y coronel de valones de los Tercios de España. Pronto empezaron los altercados de los protestantes en Flandes, liderados por Guillermo de Orange, y Mondragón tuvo que defender las villas de Lieja y Deventer, atacadas por los mendigos del mar, nombre con el que se conocía a los piratas holandeses. Empezada la Guerra de los Ochenta Años, en 1570,el Duque de Alba le encarga a Cristóbal de Mondragón la defensa de Amberes, Middelburg y Goes, en la provincia de Zelanda, donde una vez más Mondragón iba a tirar de coraje, sobredosis de agallas e imaginación para derrotar al enemigo.

Goes había sido sitiada por los calvinistas que habían cerrado las dos bocas del río Escalda. Mondragón y su jefe, Sancho Dávila, decidieron vadear el río en la bajamar a pesar de las fortísimas corrientes. Cristóbal de Mondragón, acompañado en la empresa por otros tres mil valientes, vadeó los quince kilómetros de mar con el agua remojándoles las barbas. Los siete mil holandeses que mantenían el sitio cayeron en brazos del espanto cuando vieron salir de las aguas a los nuestros con unas pintas salvajes y unas caras de matar que inspiraban terror. Cuentan las crónicas que los siete mil holandeses prefirieron poner pies en polvorosa. Era el 20 de octubre de 1572.

Nuestro coronel, sin embargo, no se da respiro. Nueve meses después recupera la cabeza del canal de la isla de Tholen, en 1575 contiene un levantamiento en Amberes y es nombrado Gobernador de Gante. Ese mismo año, recupera, tras otro espectacular vadeo, la isla de Schouwen. En 1576, tras nueve meses de sitio, rendía la ciudad de Zierikzee.

En 1578 tomaba Limburgo y el castillo de Dalhem. En junio, Maastricht fue tomada por las tropas de Alejandro Farnesio después de cuatro meses de asedio en los que tuvo una importante participación el coronel Mondragón.



En 1582 era nombrado maestre de campo del Tercio Viejo, que con el tiempo llevaría su nombre, Tercio de Mondragón. Los años siguientes, a pesar de su avanzada edad continúa guerreando con tanto coraje como éxito en tierras de Flandes. Casi octogenario, es nombrado capitán general y maestre de campo general del ejército de Flandes y siguen sus victorias como la conseguida ante las tropas de Mauricio de Nassau a orillas del río Lippe.

Por fin, en diciembre de 1595 Cristóbal de Mondragón se retiró al Castillo de Amberes, donde moría el 4 de enero de 1596, después de sesenta y cuatro años de heroico servicio en los Tercios.
Valor sin premio

A pesar del gran aprecio que le tenían sus esforzados camaradas de losTercios, a pesar de la gran admiración que suscitó entre sus mandos, como Luis de Requesens, Alejandro Farnesio, el Duque de Alba y Juan de Austria, y el denuedo con el que luchó para sus reyes Carlos V y Felipe II, jamás consiguió que se le otorgara título de nobleza, ni consiguió tampoco (la envidia española, siempre presente) el hábito de ninguna orden militar (hasta se le inventaron antepasados judíos).

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Un pequeño recuerdo

Dice la costumbre macedonia de los tiempos  de   Alejandro magno que si lanzas los nombres de los caidos al aire  estos viviran para siempre , aqui desde la 23  como parte de los deberes tenemos un grupo que se encarga de realizar actividades con esos chavales magnificos  , esta semana un perturbado a arrancando 27  vidas , desde aqui   un pequeño memento para el recuerdo de estos angeles y de algunas buenas personas como Victoria Soto o Mary Sherlach  que antepusieron su vida y protegieron con todo a sus chavales  , que siempre seais recordados y no ese perturbado


Victoria Soto, profesora de primaria de 27 años, logró engañar al perturbado  esondiendo a todos sus alumnos en los armarios y asegurándole que sus 'ángeles', como ella les llamaba, se encontraban en clase de gimnasia. Ella se encuentra en esta trágica lista pero, son su valentía, evitó que se incluyeran 17 nombres más en ésta.
Los fallecidos en la matanza de Connecticut son los siguientes:

Ana Marquez-Greene, 6 años. Era hija del saxofonista de jazz Jimmy Greene. Su hermano mayor, de nueve años, se salvó por estar en otra clase.

Dawn Hocksprung, 47 años. La directora del colegio. Casada y tenía dos hijas.

Catherine Hubbard, 6 años. Su familia ha emitido un comunicado en el que afirman estar "realmente tristes por la pérdida de nuestra preciosa hija. Rezamos por ella y por todas las familias que están pasando por este trance".

Jesse Lewis, 6 años. "Le gustaban las matemáticas y montar a caballo. Le dejé feliz en la escuela muy sonriente. Fue la última vez que le vi", ha asegurado su padre al diario 'New York Post'.


Grace McDonnell, 7 años. Era rubia, con los ojos azules, una "muñeca" según sus vecinos. Había pasado la noche anterior colocando las luces de Navidad en su casa. Sus padres emitieron un comunicado en el que afirman estar "abrumados por la efusión de amor y apoyo de tanta gente.Nuestra hija Grace era el amor y la luz de nuestra familia. las palabras nopueden expresar adecuadamente nuestra sensación de pérdida".

Anne Marie Murphy, 52 años. Murió protegiendo a los niños.

Emilie Parker, 6 años. Su abuelo la recuerda en el Washington Post: "Tenía un corazón muy grande, siempre estaba dispuesta a mirar por los otros".

Jack Pinto, 6 años. Era miembro del equipo de lucha del colegio.

Noah Pozner, 6 años. Había cumplido los seis hace un mes. Su hermana gemela sobrevivió.

Lauren Russeau, 30 años. Era profesora sustituta. Había llegado en octubre.

Mary Sherlach, 56 años. Psicóloga del centro. Los testigos aseguran que perdió la vida al intentar salvar a los niños.

Victoria Soto, 27 años. Profesora. Salvó la vida a los alumnos escondiéndoles en el armario y enfrentándose al asesino.

Daniel Barden, 7 años. Formaba parte del equipo de natación y le gustaba jugar al fútbol.

Olivia Engel, 6 años. La familia de la niña ha puesto un cartel junto a su casa para que se respete su privacidad.

Chase Kowalski, 7 años. Le gustaba mucho el béisbol y jugar alrededor de su casa con un todoterreno de juguete.

James Mattioli, 6 años. Le encantaba ponerse su camiseta de Angry Birds. En Facebook, amigos de su familia lo describen como un ángel y le piden que vigile de ellos.

Benjamin Wheeler, 6 años. Sus padres se habían mudado a Newtown justo antes de nacer Ben para tener una casa mejor para sus hijos.

Charlotte Bacon, 6 años. Estaba ilusionada por estrenar su vestido de navidad. Quería hacer muchas cosas de mayor.

Dylan Hockley, 6 años. Le encantaba disfrazarse de superhéroe. La familia había llegado de Inglaterra hace dos años. La madre de Dylan le había dicho a la abuela que la ciudad era muy segura.

Caroline Previdi, 6 años. La conocían por el apodo de 'Boo' por su parecido con la niña de la película 'Monstruos S.A'.

Jessica Rekos, 6 años. Su madre es profesora de sexto grado. Los amigos de la familia están "desolados".

Avielle Richman, 6 años. Era alumna de primaria y su madre había ido al mismo colegio cuando era niña.

Allison Wyatt, 6 años.

Rachel Davino, 29 años

Josephine Gay, 7 años

Madeline Hsu, 6 años.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Pascual de Andagoya



Pascual de Andagoya  (1495 - 1548) era oriundo de la aldea alavesa de Andagoya, en el Valle de Cuartango (Álava), España .

Como solía ser habitual en la época, Andagoya partió muy joven como expedicionario al Nuevo Mundo, con 19 años (el 11 de abril de 1514), bajo el mando del general Pedro Arias de Ávila. El convoy lo formaba un ejército de 2.000 hombres y 22 naos con el objetivo de colonizar América Central.

El recorrido de Andagoya dio comienzo en Panamá, cuya capital fundó en 1519 con 400 colonos. Más tarde tomó dirección Sur (1521-23), por el litoral colombiano, hasta San Juan, donde ocupó el cargo de gobernador. Fue entonces cuando llegó a su conocimiento la existencia del imperio Inca, en un territorio lejano denominado Birú o Pirú. En 1522, Andagoya intentó conquistarlo, pero la expedición terminó en un estrepitoso fracaso.

Al empeorar su salud, volvió a Panamá y dio a conocer sus descubrimientos, en particular la existencia de un territorio con enormes riquezas en oro y plata, el Perú. En 1524, Pizarro y otros dos colonos, el militar Diego de Almagro y el religioso Hernando de Luque, se asociaron para conquistarlo. Se repartieron las responsabilidades de la expedición: Pizarro la comandaría; Almagro se encargaría del abastecimiento militar y de alimentos; y Luque estaría al cargo de las finanzas y de la provisión de ayuda. Existen noticias de un cuarto asociado, el licenciado Espinosa, que no quiso figurar oficialmente y que habría sido el financiador principal de las expediciones hacia el Perú.

Andagoya fue recompensado en 1539 por Carlos I con el cargo de visitador de indios, que aplicó con riguroso y brutal celo y adelantado del río San Juan. En 1540 se le proclamó gobernador dePopayán, hasta que en 1542 el gobernador legítimo Sebastián de Belalcázar lo derrocó de su cargo haciéndole preso. Murió en Cuzco el 18 de junio de 1548.

sábado, 8 de diciembre de 2012

el milagro de empel ( origen de la virgen de la inmaculada)


Fuerzas en combate

10 navios 5.000 hombres

Bajas

Todos los navíos capturados y quemados Pocas o ninguna

El llamado Milagro de Empel fue un suceso acaecido el 7 y 8 de diciembre de 1585, a raíz del cual la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios españoles y actual infantería española.

El milagro

De acuerdo con la tradición, el 7 de diciembre de 1585, el Tercio del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla (compuesta por unos cinco mil hombres) combatía durante la Guerra de los Ochenta Años en la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal, bloqueado por completo por la escuadra del almirante Holak. La situación era desesperada para los Tercios Españoles pues, además del estrechamiento del cerco había que sumarle la escasez de víveres y ropas secas.

El jefe enemigo propuso entonces una rendición honrosa pero la respuesta española fue clara: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos». Ante tal respuesta, Holak recurrió a un método harto utilizado en ese conflicto: abrir los diques de los ríos para inundar el campamento enemigo. Pronto no quedó más tierra firme que el montecillo de Empel, donde se refugiaron los soldados del Tercio.

En ese crítico momento, de acuerdo con la tradición, un soldado del Tercio cavando una trinchera tropezó con un objeto de madera allí enterrado. Era una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción.

Anunciado el hallazgo, colocaron la imagen en un improvisado altar y el Maestre Bobadilla, considerando el hecho como señal de la protección divina, instó a sus soldados a luchar encomendándose a la Virgen Inmaculada:


Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperaban en su bendito día.1

Según indica la citada tradición, un viento completamente inusual e intensamente frío se desató aquella noche helando las aguas del río Mosa. Los españoles, marchando sobre el hielo atacaron por sorpresa a la escuadra enemiga al amanecer del día 8 de diciembre y obtuvieron una victoria tan completa que el almirante Holak llegó a decir: «Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro».

Aquel mismo día, entre vítores y aclamaciones, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia.

Sin embargo, este patronazgo se consolidaría trescientos años después, luego de que la bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854 proclamase como dogma de fe católica la Concepción Inmaculada de la Virgen Santísima; el 12 de noviembre de 1892 a solicitud del Inspector del Arma de Infantería del Ejército de Tierra de España, por real orden de la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo, se:


Declara Patrona del Arma de Infantería a Nuestra Señora la Purísima e Inmaculada Concepción.

martes, 4 de diciembre de 2012

Almirante churruca


Cosme Damián Churruca y Elorza (Motrico, 27 de septiembre de 1761 - batalla de Trafalgar, 21 de octubre de 1805) fue un científico, marino y militar español, brigadier de la Real Armada y alcalde de Motrico.

Se distinguió en la batalla de Trafalgar al mando del navío de línea San Juan Nepomuceno, a bordo del cual encontró la muerte.


Vida
Cuarto hijo del matrimonio formado por Francisco de Churruca e Iriondo, alcalde de Motrico, y María Teresa de Elorza e Iturriza, y hermano menor de Julián Baldomero de Churruca, héroe de la Guerra de la Independencia, abogado y filólogo del vascuence. Nació en la casa solariega construida años antes por el almirante Antonio de Gaztañeta, pariente suyo, cuyos recuerdos náuticos despertaron tempranamente la vocación de Cosme de Churruca por el mar.
Cursó sus primeros estudios en el Seminario Conciliar de Burgos, pensando en un primer momento en ordenarse sacerdote, idea que descartaría por la presencia de un joven oficial de Marina, sobrino del arzobispo de Burgos. Bastó ese contacto para que se despertara en él su pasión por la mar. A continuación ingresó en la Escuela de Vergara, que poco más tarde daría origen al Real Seminario de Vergara y que fue fundado por la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, de la que sería miembro hasta su muerte.

Casó en 1805, meses antes de su muerte, con María Dolores Ruiz de Apodaca, sobrina del conde de Venadito, Juan Ruiz de Apodaca, virrey de México y almirante de la Armada española.
Carrera científica y militar


Concluidos sus estudios, volvió a casa de sus padres en solicitud de su venia para emprender la vida de marino. El 15 de junio de 1776 ingresó en la Academia de Cádiz como guardiamarina, a la temprana edad de 15 años, graduándose en la Academia de Ferrol en 1778, donde había adquirido ya fama como astrónomo y estudioso de geografía. Su ascenso a Alférez de Fragata fue el premio por sus brillantes estudios, sobresaliendo entre todos sus compañeros.

En el mes de octubre del año 1778 pone el pie por primera vez sobre la cubierta de un navío, el San Vicente, al mando del bailío Francisco Gil de Taboada y Lemos. Esta primera campaña, muy borrascosa, puso en evidencia el arrojo de Churruca frente a los peligros y su aptitud para aminorar los riesgos mediante el estudio de las maniobras. Al ser relevado el general Arce, que estaba al mando de la escuadra, fue sustituido por el teniente general Ponce de León, quien lo escogió como ayudante personal y a sus directas órdenes. Tuvo su primera misión militar en el asedio a la Gran Bretaña por la escuadra combinada franco-española estacionada en Brest.

Posteriormente estuvo en el asedio de Gibraltar de 1781, pasando el 13 de diciembre de 1781 a bordo de la fragata Santa Bárbara, comandada por Ignacio María de Álava. En este sitio se distinguió del modo más brillante, acudiendo intrépido a apagar el incendio de las flotantes, por el empleo de los británicos de las balas rojas y llevando socorro, con el bote de la fragata, a las tripulaciones de los buques incendiados, entre un diluvio de metralla que despedían las baterías de la plaza y las explosiones no menos peligrosas de las baterías que ardían.

Al terminar la guerra en 1783, la fragata Santa Bárbara fue enviada a Montevideo. Churruca, guiado por su instinto, vigilaba la derrota al detalle, pudiendo advertir a tiempo un grave error en los cálculos del piloto, por lo que reaccionando a tiempo evitó el naufragio del buque. Cuando la paz firmada en el año de 1783 suspendió la lucha, acudió al estudio que forma al marino. Solicitó y obtuvo el ingreso en la Academia de Ferrol, para cursar estudios de Matemáticas, en 1783. Para poder admitirle, a pesar de no haber vacantes, se le añadió el cargo de ayudante de guardiamarinas.

Al año siguiente sustituía a los profesores de varias clases y siguiendo en esa vida laboriosa, en 1787 dio el primer ejemplo de un examen público en las aulas de la institución sobre matemáticas, mecánica y astronomía, granjeándose la admiración del numeroso auditorio.

Habiendo determinado el gobierno que el capitán de navío Antonio de Córdova continuase sus exploraciones del estrecho de Magallanes, en 1788, éste pidió a don Cosme, ya Teniente de Navío, que le acompañase, formando la expedición los paquebotes Santa Casilda y Santa Eulalia, quedando Churruca encargado de la parte astronómica y geográfica.

Junto con su compañero de armas y estudios Ciriaco Cevallos hizo un trabajo completo de reconocimiento del estrecho en dirección al océano Pacífico, descubriendo una ruta alternativa al estrecho, así como una ensenada que lleva su nombre. Escribió un importantísimo trabajo sobre el viaje y paso del estrecho titulado Apéndice al Primer Viaje de Magallanes, dado a la luz en Madrid en 1795. Grandes fueron los peligros, incesantes las penalidades de aquellas investigaciones, en mares en que reina casi de continuo el vendaval. Estas penalidades acabaron con su salud, y cayó gravemente enfermo, sintiendo amagos de escorbuto, que por fortuna no fueron a más.

En 1789 fue agregado al Observatorio de la Marina en San Fernando. Si bien estaba aún convaleciente, se entrega a estudios que no contribuían de seguro a su restablecimiento. Al año es llamado a ser ayudante del mayor general de la escuadra al mando del marqués del Socorro; hace la campaña y vuelve a su puesto. La continua tensión de sus incansables trabajos intelectuales acababa con una salud nunca bien restablecida; hubo que pensar seriamente en un descanso indispensable.

En el año de 1791, convencido por sus amigos, pasó a respirar el aire balsámico de las montañas de Guipúzcoa y consiguió el completo restablecimiento de su quebrantada salud. Tras un breve espacio de tiempo en su Motrico natal, es llamado por José de Mazarredo para dirigir, como Capitán de Fragata, una expedición geográfica a América del Sur (1792-95), formada por dos secciones, una de las cuales debía recorrer las islas y costas del golfo mexicano y la otra el resto de las del continente, con el fin de formar el atlas marítimo de la América septentrional.

Se embarcó en Cádiz el 17 de junio de 1792 y dio la vela en ese día con su grupo, compuesto de los bergantines Descubridor y Vigilante. Dos años y cuatro meses duró la expedición, contrariada por todos los incidentes ordinarios, a los cuales vino a sumarse la guerra marítima con la República Francesa. Levantó cartas de las Antillas y de las islas de Sotavento, y defendió las posesiones españolas en el Caribe en la batalla de Martinica, así como las rutas del comercio de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, de la que era socio partícipe. Tan dura campaña no se realizó sin grave menoscabo de su salud, poco robusta. Se embarcó en La Habana y regresó a España en el navío Conquistador, el mando del cual se le dio al llegar a Cádiz junto con su ascenso a Capitán de Navío (1798). El navío se hallaba en el más lastimoso estado, tanto con respecto al armamento como a su tripulación, pero en poco tiempo lo convirtió en modelo en todos los sentidos.

Su mala salud no le permitió concluir la historia de su expedición y esa misma causa hizo postergar la publicación de las treinta y cuatro cartas esféricas y mapas geométricos, y ésta es la hora en que no se ha publicado todavía más que una pequeña parte de ellas. Hasta 1802 no publicó la carta esférica de las Antillas, y la particular geométrica de Puerto Rico salió poco después.

De nuevo en Cádiz, se le confía el mando del Conquistador para defender las posiciones de los aliados franceses en el Canal de la Mancha. Pasó con el navío y la escuadra de que formaba parte, de Cádiz a Brest, donde fondeó el 9 de agosto de 1799. Allí escribió una instrucción militar, que imprimió y repartió a sus compañeros; sirvió admirablemente a su propósito de establecer en la Armada una más completa y severa disciplina.

Siempre ocupado por mejorar cuanto se relacionara con la Marina. Empleó su permanencia en Brest perfeccionando y simplificando las maniobras de atraque y carenado. Allí recibió del gobierno el encargo de ir a París con una misión científica. El primer cónsul Bonaparte, para quien todo mérito sobresaliente era un atractivo, conocía la fama del sabio español, quiso verle y le acogió con las mayores demostraciones de aprecio.

Su estancia en la capital francesa debió dejar en la mente de Churruca recuerdos muy gratos. Para que nada le faltase, se publicó en Madrid por aquellos tiempos su carta esférica de las Antillas, adoptada por el gobierno francés junto con las demás que publicó. Bonaparte ordenó presentar un ejemplar a Churruca por el conducto del prefecto marítimo, como un regalo y un homenaje rendido a su saber. Añadió el primer cónsul un sable de honor, la prenda de respeto más estimable del imperio napoleónico.

Si a estas demostraciones honoríficas añadimos la distinción pública que le dispensó el general Gravina, comandante de la escuadra, saliendo a recibir al comandante del Conquistador, cuando regresó desde París a Brest, acto público que decía a toda la población el alto aprecio en que el general en jefe tenía a uno de sus subordinados, parecía que nada faltaba para la completa satisfacción de éste. Sin embargo, hecha la paz, el gobierno español hubo de ceder a Francia seis navíos de línea, entre ellos el Conquistador, cesión que Churruca desaprobaba sin rebozo.

Separado de su navío, volvió a Cádiz como pasajero en el navío Concepción, llegando el 25 de mayo de 1802. Obtuvo una licencia para descansar de sus laboriosas tareas, y aprovechó ésta repartiendo su tiempo entre dar una vuelta por su pueblo y un viaje al mediodía francés. En Motrico debe hacerse cargo de la administración de la villa tras la muerte de su padre.

En noviembre de 1803 se le dio el mando del navío Príncipe de Asturias. Los cuidados del mando y de la organización de su navío no fueron obstáculo para que revisase, en compañía de Antonio Escaño, el Diccionario de Marina. El gobierno le encargó también que hiciera experiencias de puntería; como resultado redactó un tratado de puntería para la Armada, que en España y en el extranjero ha servido mucho tiempo de guía.

Apenas había acabado de reorganizar el Príncipe cuando pidió el mando del navío San Juan Nepomuceno, carenado de nuevo. El gobierno accedió a la demanda, añadiendo a la concesión la facultad de arreglar el repartimiento interior y su armamento sin sujeción a reglamento alguno. A bordo de este navío participaría en la batalla de Trafalgar, donde moriría y alcanzaría la fama.
Batalla de Trafalgar

Muerte de Churruca en Trafalgar, óleo deEugenio Álvarez DumontMuseo del Prado(depositado en el Instituto Cabrera Pinto de La LagunaTenerife).

La escuadra en la que se encontraba el San Juan, se hizo a la vela el 13 de agosto, desde el puerto de Ferrol. El general Gravina le designó, como puesto de honor, ser el cabeza de la vanguardia de su escuadra de observación. Como siempre, realizó la misión con los mejores merecimientos y a su llegada a Cádiz, redobló sus esfuerzos en conseguir, a base de instrucción, el adiestrar magistralmente a toda su tripulación.

En medio de estas múltiples faenas de su carrera, un día casó con María de los Dolores Ruiz de Apodaca, hija de don Vicente, brigadier que fue de la Armada y sobrina carnal del capitán general conde del Venadito.

Reunidas las escuadra española y francesa en el puerto de Cádiz, se hicieron a la mar desde éste con rumbo a la Martinica, donde se apoderaron del fuerte y del peñón del Diamante y apresaron a un convoy británico de quince velas; en esos momentos fue informado Villeneuve de la presencia de Nelson en las Antillas. Villeneuve, al saber de su presencia, dio por hecho que había conseguido su objetivo, que no era otro que el atraer a la otra orilla del Atlántico a fuerzas navales británicas, por lo que ya habrían menos en Europa, así que decidió regresar.

Pero en el cabo de Finisterre se topó con la escuadra del almirante Calder, con la que se entabló combate, siendo derrotados los españoles por la desidia y mal gobierno del comandante en jefe de la escuadra combinada, Villeneuve. Al enterarse el Emperador de los franceses de lo acaecido en el combate dijo: Los españoles se han portado como leones, pero de su almirante sólo se le oyeron improperios.

La escuadra combinada entró en Ferrol después del combate, dirigiéndose a continuación a La Coruña. Desde este puerto pusieron rumbo a Cádiz, desoyendo la orden tajante de Napoleón de ir a Brest. Pero como estaba la escuadra del Canal británica y ya sabía cómo se las gastaba, puso rumbo al Sur en vez de al Norte. Pese a la opinión contraria de Churruca, Gravina y Alcalá-Galiano, Villeneuve abandonó la Bahía de Cádiz para dar alcance a Nelson a la altura del Cabo de Trafalgar el 21 de octubre de 1805. Tamaña imprudencia tuvo como motivo el deseo de Villeneuve de recuperar el favor de Napoleón, tras la derrota en Abukir frente al mismo almirante inglés, que también moriría en Trafalgar. Antes de hacerse a la mar el 20 de octubre, Churruca escribió a su hermano una carta diciéndole:

Navío San Juan en Cádiz a 11 de octubre. Querido hermano: desde que salimos de Ferrol no pagan a nadie ni aun las asignaciones, a pesar de estar declaradas en la clase del prest del soldado, de manera que se les debe ya quatro meses y no tienen ni esperanza de ver un real en mucho tiempo; aquí nos deben también 4 meses de sueldo y no nos dan un ochavo, sin embargo de que nos hacer echar los bofes trabajando: con lo que no puedo menos de agradecer mucho el que hayas libertado a Dolores de los apuros en que se andaría para pagarte los 1.356 reales que te los libraré yo luego que pueda; entretanto, he encontrado en Ferrol a un amigo rico que socorrerá a Dolores con quanto necesite, y quedo tranquilo con haver asegurado ya su subsistencia decentemente. Estos son los trabajos de los que servimos al Rey, que en ningún grado podemos contar sobre nuestros sueldos (...) Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto.

Amaneció el infausto día 21 de octubre, estando a la vista del enemigo, mandó clavar la bandera y sólo se arrió a su muerte. En el transcurso de este combate naval se puso en práctica por la escuadra inglesa el sistema de banderas, así como una maniobra llamada T cruzada que hoy se estudia como clásica en todas las academias navales. Al mando del San Juan Nepomuceno, sólo frente a seis buques ingleses, Churruca dio muestras de precisión en el tiro, arrojo y eficacia, pese a lo cual, tras ser alcanzado por una bala de cañón que le voló la pierna, falleció ante la admiración de sus enemigos que tuvieron el barco en Gibraltar expuesto a los visitantes, con el nombre de Churruca en letras de oro escrito sobre su camarote.

Su navío fue remolcado a Gibraltar, siendo uno de los pocos que pudieron enseñar los británicos como trofeo del combate.

Durante muchos años lo conservaron, manteniendo la cámara del comandante cerrada y con una lápida en que se leía el nombre de Churruca en letras de oro, y si algún visitante pretendía entrar, se le advertía que se descubriera para poderlo hacer, como si aún estuviera presente don Cosme Damián Churruca y Elorza, brigadier de la Real Armada Española, muerto a flote del navío de su mando, dos baterías y 74 cañones San Juan Nepomuceno.

Fue nombrado Almirante a título póstumo, y en su recuerdo su sobrino recibió el título de Conde de Churruca. Los hechos de los que fue protagonista, así como su propia figura, fueron novelados por Benito Pérez Galdós en "Trafalgar", primer título de sus Episodios Nacionales.

En su villa natal de Motrico se alza una estatua a su memoria, así como en Ferrol, donde un sencillo monumento recuerda su paso por la Academia, y en San Fernando, donde hay una lápida colocada en la tercera capilla Oeste del Panteón de Marinos Ilustres, cuya leyenda es como sigue:

domingo, 25 de noviembre de 2012

ramon de la sota


Ramón de la Sota y Llano, nació en Castro Urdiales (Cantabria) el 20 de enero de 1857 y fallecido en Guecho (Vizcaya, País Vasco) el 17 de agosto de 1936. Fue un empresario naviero, abogado y político español del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y una de las mayores fortunas de su época. El Rey de Inglaterra le había otorgado un título honorífico y se hizo llamar constantemente sir Ramón de la Sota.

Biografía

Hijo de Alejandro de la Sota y doña Alejandra de Llano, naturales de Portugalete y Castro Urdiales, vivió sus primeros años en la casa familiar sita en San Julián de Musques (Vizcaya) y en 1868, antes de estallar la Segunda Guerra Carlista, se traslada a Bilbao para estudiar en el Instituto Vizcaíno y posteriormente a Madrid donde finaliza la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, regresando a Bilbao para iniciar su actividad profesional y contrae matrimonio con Catalina de Aburto, hija de unos comerciantes de dicha ciudad.

Actividad empresarial

El inicio de su fortuna comienza en el año 1881 cuando forma una sociedad con su primo Eduardo Aznar y de la Sota, Marqués de Berriz. Esta sociedad inicialmente se dedica a la minería y a la exportación de hierro.

Este comercio afloró con el Concierto económico de 1878 y la supresión foral, que impedía hasta ese momento la exportación de hierro, motivo por el que, según diversos autores, el sector empresarial aprobó esta modificación legislativa. No era el caso de de la Sota que criticó duramente la abolición foral y se enfrentó por ello al empresariado local.

En el año 1886 fue uno de los impulsores de la Cámara de Comercio vizcaína. Entre 1886 y 1900 la sociedad crea las compañías mineras de Setares (Cantabria), Sierra Alhamilla (Almería) y Menera(Teruel) convirtiéndose en una referencia de ese sector.

En 1900, también junto a su primo, fundó la Compañía "Euskalduna" para la construcción de buques con un capital de ocho millones de pesetas y en 1901 la Compañía de Seguros "La Polar" con sucursales en París, Londres, Nueva York, Róterdam.

En 1902 realizan construcciones ferroviarias en el Puerto de Sagunto (Valencia).

Amplían su negocio al transporte marítimo fundando en 1906 la gran empresa naviera "Sota y Aznar" tras la fusión de las veinticinco compañías (de un sólo barco cada una) con que contaban ambos socios.

Entre los años 1914 y 1918, en plena Primera Guerra Mundial, resurge económicamente, a pesar de sufrir los ataques de los submarinos alemanes perdió por efecto de los torpedos de los submarinos alemanes unos veinte cargueros (un total de 50.000 toneladas de registro bruto), por su arriesgada apuesta de colaboración con el Almirantazgo inglés, al que arrendó parte de la flota. Por ello el Gobierno británico le concedió el 9 de marzo de 1921, el título de " Knight Commander of the Order of the British Empire" por ser "buen amigo de Inglaterra y sus nacionales". El cónsul británico en Bilbao, Madden, destacó en la ceremonia en la que le fue impuesta la orden, el 29 de abril de este mismo año, que "los buques del señor Sota, con sus valientes tripulaciones, se hacían a la mar cargados con minerales para Inglaterra, desafiando la campaña submarina".

También participó en los bancos de Bilbao y de Vizcaya (posteriormente fusionados en el BBV) y en los sectores ferroviario y eléctrico.

Entre las claves fundamentales de su fortuna, una de las mayores de Europa, se señalan:
La dirección vertical y centralizada de todo el proceso productivo (extracción, construcción naval, transporte, comercialización, aseguramiento, financiación...) tal y como hoy se configuran las principales multinacionales.
La dirección personal colegiada de los fundadores en la que pocas veces contaron con socios minoritarios para la realización de sus actividades.
La reinversión de sus activos en una expansión constante.
La apuesta por situaciones de riesgo aunque en algún caso resultó fallida (como en la "Compañía Siderúrgica del Mediterráneo").
La internacionalización que le permitió eludir el proteccionismo impuesto a partir de 1891.
Actividad política

Opuesto como se ha citado a la abolición foral, forma parte de la sociedad fuerista «Euskalerria», siendo conocidos sus miembros como los "euskalerriakos") y es Diputado Provincial entre 1888 y 1892.

A la muerte de Fidel Sagarminaga y de Epalza, preside la sociedad y, habiendo iniciado ya Sabino Arana su actividad política, éste critica duramente a esta sociedad por no ser suficientemente nacionalistas, acusándolos de connivencia con los abolicionista del Fuero y denominándolos "fenicios" por anteponer su patrimonio a la causa nacionalista. Posteriormente ambas posturas acercan sus posiciones y en 1898, las dos tendencias se reúnen y en 1899 se inauguran conjuntamente el "Centro Vasco".

Uno de los motivos de esta unión fue el desastre colonial español de 1898 que puso en evidencia a la tradicional oligarquía que aliada con el régimen de la Restauración, se aprovechaba del proteccionismo.

Sota aporta solidez económica al PNV y así participa económicamente en "El Correo Vasco"con el 20,4 % del capital, formando su ejecutiva junto con Sabino Arana.

En 1918 fue elegido Diputado a Cortes por el distrito de Valmaseda apartando del cargo al político liberal Gregorio de Balparda, abonando de su cuenta, como era costumbre en la época, los gastos electorales de la campaña. En las elecciones celebradas el 24 de febrero obtuvo 6 095 votos de un total de 10 730 emitidos.

Conminó Víctor Pradera al diputado electo por Valmaseda, ausente del Congreso de los Diputados, para que declarara que amaba a España como su Patria y que no tenía más patria que la española. La petición debía quedar sin respuesta. Sota había dicho:


«...Tenemos que elegir mandatarios para un organismo extraño, para las Cortes españolas de Madrid. Los diputados vascos que a ellas llevemos deben saber que son extranjeros en esas Cortes, que no van a ellas a defender los intereses de España, sino los sagrados de su patria: Euzkadi...»

Sota se basa en el catalanismo de Cambó para crear un partido democrático, moderno, moderado, pragmático, laico y autonomista lo que originó no pocas ficciones internas con los sectores que reivindicaban el purismo aranista, dando lugar a una escisión que posteriormente se recondujo. Debido a ese pragmatismo descentralizador, impulsó la creación de un "Estatuto Vasco" que finalmente sería concedido, ya iniciada la Guerra Civil Española.

Fruto de su política fue la consecución de la hegemonía política en Vizcaya tanto en las elecciones municipales de 1917, como en las generales de 1918, hasta la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, que impidió la participación política del PNV.
La polémica tras su fallecimiento

El colapso del frente Norte se ve próximo y es conminado a exiliarse por correr grave peligro él y su familia.

Fallece en Guecho el 17 de agosto de 1936 poco después del inicio de la Guerra Civil Española. Tres años después de su muerte, el Tribunal de Responsabilidades Políticas le condenó al pago de una multa de cien millones de pesetas por "conspiración para la rebelión militar", por lo que sus cuantiosos bienes fueron embargados, entre otros los 40 barcos de sus compañías que se utilizaron para evacuar Bilbao. Los beneficiarios de esta operación política fueron los herederos de su antiguo socio y primo, que adquirieron dichas propiedades. Las buenas relaciones entre los Aznar y los Sota habían desaparecido a raíz de la crisis industrial de los años 30 y las diferencias ideológicas entre ambas familias.

Sus herederos fueron parcialmente indemnizados mucho tiempo después y devueltas algunas de sus propiedades pese a haber tenido que abonar grandes sumas en concepto de "multa derivada de responsabilidades políticas".

Una de esas propiedades, concretamente el Palacio de Ibaigane,  se convirtio en  la sede del Athletic Club.
Sus descendientes

La familia Sota mantuvo una gran importancia en la sociedad vasca, su hijo, Ramón de la Sota y Aburto tiene dedicada una sala del Palacio Foral de Vizcaya.
 Su sobrino Rafael Aburto fue un arquitecto monumentalista Y sus nietos:
Patrick de la Sota Mac Mahon, presidente de la Cámara de Comercio de Bilbao, Presidente de la Fundación Museo Marítimo Ría de Bilbao.
Ramón de la Sota Mac Mahon, responsable de los "Servicios Vascos" del exilio vasco en Argentina.
Ramón de la Sota Zorraquin, ex-miembro del Bizkai-Buru-Batzar. Senador electo, por el PNV, en 1979.
Manuel Belakorta y Ramón Belakorta, delegados del Gobierno Vasco en Nueva York.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Diego López V de Haro

Hoy tenia  pensado dedicar un  post al fundador de  mi ciudad pero su  vida resulto tan llena de aventuras y vaivenes que le  rodearon que les he  dedicado  2  .
Aun asi son unos tocho post cada uno  , mis mas sinceras disculpas pero es de una lectura muy interesante


Diego López V de Haro

Señor de Vizcaya

Diego López V de Haro, apodado el Intruso (c. 1250 –1310), fue hijo de Diego López III de Haro, a quien sucedió en el señorío de Vizcaya, y de su esposa Constanza de Bearne.

Desempeñó los cargos de mayordomo mayor del rey y alférez del rey Fernando IV de Castilla. Fue el promotor de Bilbao, a cuya aldea pesquera escogió y adelantó con cartas de villa y puerto mercantil libre de tributo real y por consiguiente correspondiente solo al señorío de Vizcaya y su autoridad.

Orígenes familiares

Fue hijo de Diego López III de Haro, señor de Vizcaya, y de su esposa, Constanza de Bearne. Por parte paterna fueron sus abuelos Lope Díaz II de Haro, señor de Vizcaya, y su esposa, Urraca Alfonso de León, hija ilegítima del rey Alfonso IX de León. Por parte materna fueron sus abuelos Guillermo II de Bearne, vizconde de Bearne, y su esposa, Garsenda de Provenza.

Fueron sus hermanos, entre otros, Lope Díaz III de Haro,señor de Vizcaya, Teresa de Haro, esposa de Juan Núñez de Lara y León, señor de la Casa de Lara, y de Sancha Díaz de Haro. Fue bisnieto del rey Alfonso IX de León.

Biografía
                       Actuaciones durante la minoría de edad de Fernando IV de Castilla (1295-1301)

Se desconoce su fecha exacta de nacimiento, aunque debió de ocurrir alrededor del año 1250. En 1282 contrajo matrimonio con la infanta Violante de Castilla y Aragón, hija de Alfonso X el Sabio.

El día 25 de abril de [1295, falleció en rey Sancho el Bravo y aprovechándose Diego López de Haro de los disturbios de la corte en la minoría de Fernando IV de Castilla, se apoderó del señorío de Vizcaya, que pertenecía a María II Díaz de Haro. A las luchas incesantes con la nobleza castellana, capitaneada por los infantes Juan de Castilla "el de Tarifa", que reclamaba el trono de su hermano Sancho IV el Bravo, y por el infante Enrique de Castilla "El Senador", hijo de Fernando III el Santo y tío de Fernando IV, que reclamaba la tutoría del rey, se sumaba el pleito con los infantes de la Cerda, apoyados por Francia y Aragón y por su abuela la reina Violante de Aragón y Hungría, viuda de Alfonso X el Sabio. A ello se sumaron los problemas con Aragón, Portugal y Francia, que intentaron aprovechar la situación de inestabilidad que atravesaba elreino de Castilla y León en su propio beneficio. Al mismo tiempo, Diego López V de Haro, señor de Vizcaya,Nuño González de Lara, y Juan Núñez de Lara el Menor, entre otros muchos, sembraban la confusión y la anarquía en el reino.

En el verano de 1295, terminadas las Cortes de Valladolid de 1295, a Diego López V de Haro se le confirmó la posesión del señorío de Vizcaya, y al infante Juan, que aceptó momentáneamente como soberano a Fernando IV en privado, se le restituyeron sus propiedades.

Diego López V de Haro convirtió la aldea marítima de Bilbao en villa el 15 de junio de 1300.

Durante las Cortes de Valladolid de 1300 el infante Juan de Castilla "el de Tarifa" renunció a sus pretensiones al trono, no obstante haber sido proclamado rey de León en 1296, y prestó público juramento de fidelidad a Fernando IV y a sus sucesores, el día 26 de junio de 1300. A cambio de su renuncia a la posesión del señorío de Vizcaya, cuya posesión le fue confirmada a Diego López V de Haro, María II Díaz de Haro y su esposo, el infante Juan, recibieron Mansilla, Paredes de Nava, Medina de Rioseco, Castronuño y Cabreros.2 Poco después, María de Molina y los infantes Enrique y Juan, acompañados por Diego López V de Haro, sitiaron el municipio de Almazán, pero levantaron el asedio por la oposición del infante Enrique.

              Actuaciones durante la mayoría de edad de Fernando IV de Castilla (1301-1310)

En noviembre de 1301, hallándose la corte en la ciudad de Burgos, se hizo pública la bula por la que el papa Bonifacio VIII legitimaba el matrimonio de la reina María de Molina con el difunto rey Sancho IV el Bravo, siendo por tanto sus hijos legítimos a partir de ese momento. Al mismo tiempo, se declaró la mayoría de edad de Fernando IV. Con ello, el infante Juan de Castilla "el de Tarifa" y los infantes de la Cerda perdieron uno de sus principales argumentos a la hora de reclamar el trono, no pudiendo esgrimir en adelante la ilegitimidad del monarca castellano-leonés.

El infante Enrique de Castilla "el Senador", molesto por la legitimación de Fernando IV por el papa Bonifacio VIII, se alió con Juan Núñez de Lara el Menor, señor de la Casa de Lara, a fin de indisponer y enemistar a Fernando IV con su madre, la reina María de Molina. A ambos magnates se les unió el infante Juan de Castilla, quien continuaba reclamando el señorío de Vizcaya en nombre de su esposa, María II Díaz de Haro. Ese mismo año el infante Enrique, aliado con Diego López V de Haro, reclamó al rey Fernando IV, en compensación por abandonar el cargo de tutor del rey, y habíendo chantajeado previamente a la reina con declarar la guerra a su hijo si no accedían a sus deseos, la posesión de las localidades de Atienza y de San Esteban de Gormaz, que le fueron concedidas por el rey.

En 1302 se acentuó la rivalidad existenete entre el infante Enrique de Castilla "el Senador", María de Molina y Diego López V de Haro de un lado, y el infante Juan de Castilla "el de Tarifa" y Juan Núñez de Lara el Menordel otro. El infante Enrique amenazó a la reina con declarar la guerra a Fernando IV y a ella misma si no se accedía a sus demandas, al tiempo que los magnates procuraban eliminar la influencia que María de Molina ejercía en su hijo, a quien el pueblo comenzó a dejar de estimar, debido a la influencia que los ricoshombres ejercían sobre él. En los meses finales de 1302, la reina, que se hallaba en Valladolid, se vio obligada a aplacar a los ricoshombres y a los miembros de la nobleza, que planeaban levantarse en armas contra Fernando IV, quien pasó las navidades de 1302 en tierras del reino de León, acompañado por el infante Juan y por Juan Núñez de Lara el Menor.

A comienzos de 1303 había una entrevista prevista entre el rey Dionisio I de Portugal y Fernando IV, confiando éste último en que su primo el rey de Portugal le devolvería algunos territorios. Por su parte, el infante Enrique de Castilla "el Senador", Diego López V de Haro y la reina María de Molina se excusaron de asistir a dicha entrevista. El propósito de la reina al negarse a asistir era vigilar al infante Enrique y al señor de Vizcaya, cuyas relaciones con Fernando IV eran tensas debido a la amistad que el monarca dispensaba al infante Juan y a Juan Núñez de Lara el Menor. En mayo de 1303 se celebró la entrevista entre Dionisio I de Portugal y Fernando IV en la ciudad de Badajoz. El infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor predispusieron a Fernando IV en contra del infante Enrique y del señor de Vizcaya, al tiempo que las concesiones ofrecidas por el soberano portugués, quien se ofreció a ayudarle si fuera preciso contra el infante Enrique de Castilla "el Senador", decepcionaron a Fernando IV el Emplazado.

En 1303, mientras el rey se encontraba en Badajoz, se reunieron en Roa el infante Enrique, Diego López V de Haro y don Juan Manuel, y acordaron que don Juan Manuel se entrevistaría con el rey de Aragón. Éste último acordó con don Juan Manuel que los tres magnates y él mismo deberían reunirse el día de San Juan Bautista en el municipio de Ariza. Después, el infante Enrique comunicó sus planes a María de Molina, que se encontraba en Valladolid, con el propósito de que ella se uniera a ellos. El plan del infante Enrique consistía, en que Alfonso de la Cerda se conviertiese en rey de León y se desposase con la infanta Isabel, hija de María de Molina, al tiempo que el infante Pedro, hermano de Fernando IV, sería proclamado rey de Castilla y se desposaría con una hija de Jaime II de Aragón. El infante Enrique manifestó que su intención era lograr la paz en el reino y eliminar la influencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor.

Dicho plan, que hubiera supuesto la disgregación de los territorios del reino de Castilla y León, así como la renuncia al mismo, forzosa u obligada, de Fernando IV el Emplazado, fue rechazado por la reina María de Molina, que se negó a secundar el proyecto y a entrevistarse con el soberano aragonés en Ariza. Fernando IV, mientras tanto, suplicaba a su madre que pusiese paz entre él y los magnates que apoyaban al infante Enrique, quienes volvieron a suplicar a la reina que apoyase el plan del infante, a lo que ella se negó. Mientras se celebraban las Vistas de Ariza, la reina recordó al infante Enrique y a sus acompañantes la lealtad que debían a su hijo, así como los grandes heredamientos con que les había dotado, consiguiendo con ello que algunos caballeros abandonasen Ariza, sin secundar el plan del infante Enrique. Sin embargo, el infante Enrique, don Juan Manuel y otros caballeros se comprometieron a hacer la guerra al rey Fernando IV, así como a que le fuera devuelto el reino de Murcia al reino de Aragón, y a que el reino de Jaén le fuese entregado a Alfonso de la Cerda. Sin embargo, mientras la reina María de Molina reunía los concejos y estorbaba los propósitos del infante Enrique, éste enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a su villa de Roa. Ante la enfermedad del infante Enrique, la reina, temerosa de que sus señoríos y castillos pasasen a ser de Don Juan Manuel y de Lope Díaz de Haro, a quienes el infante planeaba legar sus posesiones a su muerte, persuadió al confesor del infante, así como a sus acompañantes, de que le convencieran para que a su muerte sus bienes revirtieran a la Corona, a lo que el infante se negó, pues no deseaba que sus bienes pasasen a poder de Fernando IV. El día 8 de agosto de 1303 falleció el infante Enrique, siendo sepultado en el desaparecido Monasterio de San Francisco de Valladolid.

En noviembre de 1303 el rey se encontraba en Valladolid junto a la reina, y solicitó su consejo, pues deseaba poner fin al pleito que sostenían el infante Juan de Castilla "el de Tarifa" y Diego López V de Haro por la posesión del señorío de Vizcaya, que en esos momentos era propiedad de Diego López V de Haro. La reina le manifestó que le ayudaría a resolver dicho pleito, al tiempo que el rey le hacía importantes donaciones, pues las buenas relaciones entre el rey y su madre se habían restablecido totalmente.

En enero de 1304, hallándose el rey en Carrión de los Condes, el infante Juan reclamó de nuevo, en nombre de su esposa, y apoyado por Juan Núñez de Lara el Menor, el señorío de Vizcaya, aunque el monarca en un primer momento resolvió que la esposa del infante se conformase con recibir Paredes de Nava y Villalón de Campos como compensación, a lo que el infante Juan se negó, argumentando que su esposa no lo aceptaría por estar en desacuerdo con los anteriores pactos establecidos por su esposo en relación con el señorío.

En vista de la situación, el rey propuso que Diego López V de Haro entregase a María II Díaz de Haro, a cambio del señorío de Vizcaya, Tordehumos, Íscar, Santa Olalla, además de sus posesiones en Cuéllar,Córdoba, Murcia, Valdetorio, y el señorío de Valdecorneja. Por su parte, Diego López V de Haro conservaría el señorío de Vizcaya, Orduña, Valmaseda, las Encartaciones, y Durango. El infante Juan aceptó la oferta del rey, por lo que éste último hizo llamar a Diego López V de Haro a Carrión de los Condes. No obstante, el señor de Vizcaya no aceptó la proposición del soberano y le amenazó con la rebelión antes de partir. El rey hizo entonces que su madre se reconciliase con Juan Núñez de Lara el Menor, al tiempo que se iniciaban las maniobras previas a la Sentencia Arbitral de Torrellas, rubricada en 1304, en las que no tomó parte Diego López V de Haro, por hallarse enemistado con Fernando IV, quien prometió al infante Juan de Castilla "el de Tarifa" entregarle el señorío de Vizcaya, y a Juan Núñez de Lara el Menor la Bureba y las posesiones de Diego López de Haro en La Rioja, si ambos resolvían las gestiones diplomáticas con Aragón a satisfacción del monarca.

En abril de 1304, el infante Juan comenzó las negociaciones con el reino de Aragón, comprometiéndose Fernando IV a aceptar las decisiones que establecieran los árbitros de los reinos de Portugal y Aragón, que se reunirían en los meses siguientes, respecto a las demandas de Alfonso de la Cerda y respecto a sus disputas con el reino de Aragón. Al mismo tiempo, el rey confiscó las tierras de Diego López V de Haro y de Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, y las repartió entre los ricoshombres. A pesar de ello, ambos magnates no se sublevaron contra el rey.

En enero de 1305, hallándose en Guadalajara el rey, María de Molina, el infante Juan de Castilla, don Juan Manuel, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro y Juan Alfonso de Haro, Fernando IV solicitó de nuevo a Diego López V de Haro que devolviese el señorío de Vizcaya a María II Díaz de Haro], a lo que no accedió el señor de Vizcaya.

Conflictos por la posesión del señorío de Vizcaya (1305-1307)

Escudo de la Casa de Haro. María II Díaz de Haro, 
En 1305 Diego López V de Haro fue llamado a comparecer en las Cortes de Medina del Campo que se celebraron ese año, aunque no acudió sino después de ser llamado varias veces, para responder a las demandas de María II Díaz de Haro, que reclamaba, valiéndose de la influencia de su esposo, el infante Juan, la posesión del señorío de Vizcaya.


Ante la ausencia del señor de Vizcaya, el infante Juan interpuso una demanda contra él ante Fernando IV, comprometiéndose a probar que el señorío de Vizcaya fue ocupado ilegalmente por Sancho IV el Bravo, razón por la cual era ahora de Diego López V de Haro, tío carnal de María II Díaz de Haro. Sin embargo, mientras el infante Juan presentaba las pruebas a los representantes del rey, compareció Diego López V de Haro, acompañado por trescientos caballeros. El señor de Vizcaya se negó a renunciar a su señorío, argumentando que el infante y su esposa habían renunciado al mismo, mediante un juramento solemne, prestado en el año 1300.

Al no conseguir alcanzar un acuerdo, debido a los argumentos presentados por ambas partes, Diego López V de Haro retornó a su señorío, a pesar de que aún no habían finalizado las Cortes de Medina del Campo, que terminaron a mediados de junio de 1305. A mediados de 1305, hallándose la corte en la ciudad de Burgos, y mientras Diego López V de Haro se proponía apelar al Papa, debido al solemne juramento de renuncia al señorío efectuado por el infante Juan y su esposa en 1300, el rey ofreció a María II Díaz de Haro la posesión de varias ciudades del señorío de Vizcaya, entre ellas San Sebastián, Salvatierra, Fuenterrabía y Guipúzcoa, a lo que no accedió ella, por hallarse aconsejada por Juan Núñez de Lara el Menor, quien se hallaba enemistado con su esposo, a pesar de las presiones del infante. Poco después, el infante Juan y Diego López V de Haro firmaron una tregua, válida por dos años, durante los que el rey confiaba en que Diego López de Haro rompería su alianza con Juan Núñez de Lara el Menor. Posteriormente, durante las navidades de 1305, Fernando IV se entrevistó con Diego López V de Haro en Valladolid, quien acudió acompañado por Juan Núñez de Lara el Menor, a quien el rey, pues se hallaba enemistado con él, hizo abandonar la ciudad, pues deseaba que el señor de Vizcaya rompiese su alianza con él, aunque no lo consiguió, ya que Diego López V de Haro estaba convencido de que el infante Juan no cejaría en sus reclamaciones.

A comienzos de 1306, Lope Díaz de Haro, hijo y heredero de Diego López V de Haro, se hallaba enemistado con Juan Núñez de Lara el Menor e intentaba persuadir a su padre de que aceptase la solución propuesta por el rey. Ese mismo año, el rey dio el cargo de Mayordomo mayor a Lope Díaz de Haro, entrevistándose su padre poco después con el rey, y acudiendo a la entrevista acompañado por Juan Núñez de Lara el Menor, a pesar del enojo que con ello ocasionó al monarca. Durante la entrevista, Diego López V de Haro intentó reconciliar a Juan Núñez de Lara con el soberano, al tiempo que éste último intentaba que su interlocutor rompiese sus relaciones con quien él defendía. Persuadido por Juan Núñez de Lara el Menor, el señor de Vizcaya partió sin despedirse del rey, al tiempo que llegaban embajadores procedentes del reino de Francia, solicitando una alianza entre ambos países, y pidiendo además la mano de la infanta Isabel de Castilla, hermana de Fernando IV.

En abril de 1306, el infante Juan, a pesar de la oposición de la reina María de Molina, indujo al rey a que declarase la guerra a Juan Núñez de Lara el Menor, sabiendo que Diego López V de Haro le defendería, y aconsejó al soberano que sitiase Aranda de Duero, donde se hallaba Juan Núñez de Lara el Menor, quien, en vista de la situación, rompió su vínculo vasallático con el rey. Después de una batalla campal, Juan Núñez de Lara el Menor consiguió escapar del cerco al que se pretendía someter Aranda de Duero, y se reunió con Diego López V de Haro y con el hijo de éste último, y acordaron hacer la guerra al rey Fernando IV por separado, y cada uno en su territorio. Las huestes del rey exigieron concesiones al monarca, quien hubo de concedérselas a pesar de que no se mostraban diligentes en hacer la guerra, por lo que el soberano ordenó al infante Juan que entablase negociaciones con Diego López V de Haro y sus partidarios, a lo que el infante Juan accedió, pues sus vasallos tampoco se mostraban partidarios de la guerra.

Las negociaciones no llegaron a iniciarse y la guerra continuó, a pesar de que el infante Juan aconsejaba al soberano que firmase la paz si ello era viable. El soberano solicitó la intervención de su madre, quien, después de las negociaciones mantenidas con los rebeldes a través de Alonso Pérez de Guzmán, logró en una reunión mantenida con ellos en Pancorbo, que los tres magnates sublevados concediesen castillos como rehenes al rey, al que deberían rendir pleitesía, conservando sus propiedades, al tiempo que el rey se comprometía a abonarles sus soldadas. El acuerdo no satisfizo al infante Juan, quien volvió a reclamar al rey la posesión del señorío de Vizcaya en nombre de su esposa, al tiempo que Fernando IV, con el propósito de complacer al infante, arrebataba la merindad de Galicia a su hermano el infante Felipe de Castilla, y se la concedía a Diego García de Toledo, privado del infante Juan.

Fernando IV, deseoso de complacer a su tío el infante Juan, envió a Alonso Pérez de Guzmán y a Juan Núñez de Lara el Menor a parlamentar con Diego López V de Haro, quien se negó a ceder el señorío de Vizcaya al infante y a su esposa, María II Díaz de Haro. Cuando el infante Juan tuvo conocimiento de ello, convocó a don Juan Manuel y a sus vasallos para que le apoyasen en sus pretensiones, al tiempo que el rey y la reina María de Molina parlamentaban con Juan Núñez de Lara el Menor para que persuadiese al señor de Vizcaya de que devolviese el señorío. En septiembre de 1306 se entrevistó el rey con Diego López V de Haro en Burgos. El soberano le propuso que en tanto que viviese podría conservar la propiedad sobre el señorío de Vizcaya, pero que, a su muerte, el señorío debería ser entregado a María II Díaz de Haro, a excepción de los municipios de Orduña y Valmaseda, que serían entregados a Lope Díaz de Haro, su hijo. Sin embargo, la propuesta no fue aceptada por Diego López V de Haro, a quien, en vista de su obstinación, el rey volvió a intentar enemistar con Juan Núñez de Lara el Menor. Poco después, el señor de Vizcaya volvió a apelar al Papa.

A principios de 1307, mientras el rey, la reina María de Molina, y el infante Juan se dirigían a Valladolid, tuvieron conocimiento de que el papa Clemente V reconocía la validez del juramento prestado por el infante Juan y por su esposa en 1300 de renunciar al señorío de Vizcaya, por lo que el infante debería atenerse a él, o bien responder al pleito interpuesto contra él por el señor de Vizcaya. En febrero de 1307 se intentó resolver el pleito sobre el señorío de Vizcaya, acordando que Diego López V de Haro conservase la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasase a ser de María II Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda], que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda de Ebro y Villalba de Losa de manos del rey. Sin embargo, el acuerdo no fue aceptado por el señor de Vizcaya. Poco después fueron convocadas Cortes en la ciudad de Valladolid.

En las Cortes de Valladolid de 1307, viendo María de Molina que los ricoshombres, encabezados por el infante Juan, protestaban contra las medidas adoptadas por los privados del rey, intentó, para complacer al infante, poner fin al pleito existente sobre el señorío de Vizcaya. Para ello, la reina contó con la colaboración de su hermanastra Juana Alfonso de Molina, quien persuadió a su hija María II Díaz de Haro para que aceptase el acuerdo propuesto por el rey en febrero de ese mismo año. Diego López V de Haro y su hijo Lope Díaz de Haro se avinieron a firmar el acuerdo, por el que se establecía que Diego López V de Haro conservaría la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasaría a ser de María II Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda], que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda y Villalba de Losa de manos de Fernando IV.

Ante el acuerdo alcanzado respecto a la posesión del señorío de Vizcaya, Juan Núñez de Lara el Menor, señor de Lara, se sintió menospreciado por el rey y por su madre, por lo que se retiró de las Cortes, antes de que éstas hubiesen finalizado. Por ello, el rey concedió el cargo de Mayordomo mayor a Diego López V de Haro, lo que provocó que el infante Juan abandonase la corte, advirtiendo al rey que no contaría con su ayuda hasta que los alcaides de los castillos de Diego López de Haro rindiesen homenaje a su esposa, María II Díaz de Haro. Sin embargo, poco después se reunieron en Lerma, donde se hallaba María II Díaz de Haro, el infante Juan, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro, y Lope Díaz de Haro, hijo de este último, acordándose que prestasen homenaje en Vizcaya como futura señora a María II Díaz de Haro, al tiempo que se hacía lo mismo en los castillos que recibiría Lope Díaz de Haro.

En 1307, por consejo del infante Juan y de Diego López V de Haro, ambos reconciliados ya, el rey ordenó a Juan Núñez de Lara el Menor que abandonase el reino de Castilla y León y que le devolviese los castillos de Moya y Cañete, situados en la provincia de Cuenca, y que el rey le había concedido en el pasado. El rey fue a Palencia, donde se hallaba su madre, quien le aconsejó que, puesto que había expulsado a Juan Núñez de Lara del reino, si deseaba conservar el respeto de los ricoshombres y la nobleza, debería mostrarse inflexible. El rey se dirigió entonces a Tordehumos, donde se hallaba el magnate rebelde, y puso cerco a la villa a finales de octubre de 1307, hallándose acompañado por numerosos ricoshombres con sus tropas, y también por las del Maestre de Santiago. Poco después se unieron a ellos el infante Juan, repuesto de una enfermedad, y su hijo, Alfonso de Valencia, con sus mesnadas.
Escudo de armas de la Casa de Lara


Estando el rey en el sitio de Tordehumos, recibió la orden del papa Clemente V de apoderarse de los castillos y posesiones de la Orden del Temple, y de que los conservase en su poder hasta que el pontífice dispusiese lo que habría de hacerse con ellos. Al mismo tiempo, el infante Juan presentó al rey una propuesta de paz, procedente de los sitiados en Tordehumos, que Fernando IV no aceptó. Durante el asedio el rey, viéndose en dificultades para pagar a sus tropas, envió a su esposa y a su hija recién nacida, la infanta Leonor de Castilla, a que solicitasen un empréstito en su nombre a su suegro, el rey de Portugal. Al mismo tiempo, el infante Juan, resentido, aconsejó al monarca que abandonase el cerco y que él lo terminaría, o bien que tomaría Íscar, o bien que acudiría a la entrevista que Fernando IV debía mantener en Tarazona con el rey de Aragón en su lugar. Sin embargo, el rey, receloso de su tío el infante, desoyó sus propuestas y procuró contentarle por otros medios.

A causa de las deserciones de algunos ricoshombres, entre ellos Alfonso de Valencia, hijo del infante Juan, Rodrigo Álvarez de las Asturias y García Fernández de Villamayor, y también a causa de la enfermedad de la reina madre, que no podía aconsejarle, el rey decidió pactar con Juan Núñez de Lara el Menor la rendición de éste último. Después que rindió la villa de Tordehumos, a comienzos de 1308, Juan Núñez de Lara se comprometió a entregar todas sus tierras al rey, excepto las que tenía en La Bureba y La Rioja, por tenerlas Diego López V de Haro, al tiempo que rendía pleitesía al rey, quien firmó este acuerdo a espaldas de la reina madre, enferma de gravedad en esos momentos.

Terminado el cerco de Tordehumos, numerosos magnates y caballeros intentaron enemistar al rey con Juan Núñez de Lara el Menor y con su tío el infante Juan, diciéndoles a cada uno de ellos por separado que el rey deseaba la muerte de ambos, por lo que los dos se aliaron, temiendo que el rey desease sus muertes, aunque sin contar con el apoyo de Diego López V de Haro, señor de Vizcaya. Sin embargo, fueron persuadidos por María de Molina de que el rey no les deseaba ningún mal, algo que después les fue confirmado por el propio rey. Sin embargo, el infante Juan y sus acompañantes solicitaron presentar sus peticiones a la reina y no a él, a lo que el soberano accedió. Las reclamaciones, presentadas por los demandantes en las Vistas de Grijota, pasaban porque el soberano concediese la merindad de Galicia a Rodrigo Álvarez de las Asturias y la merindad de Castilla a Fernán Ruiz de Saldaña, al tiempo que debía expulsar de la corte a sus privados, Sancho Sánchez de Velasco, Diego García, y Fernán Gómez de Toledo. Las demandas presentadas por los magnates fueron aceptadas por el monarca.

En las Cortes de Madrid de 1309, las primeras celebradas en la actual capital de España, el rey manifestó su deseo de ir a la guerra contra el Reino de Granada, al tiempo que demandaba subsidios para poder hacer la guerra. En dichas Cortes estuvieron presentes el rey Fernando IV y su esposa, la reina María de Molina, los infantes Pedro, Felipe y Juan, don Juan Manuel, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro,Alfonso Téllez de Molina, hermano de la reina María de Molina, el arzobispo de Toledo, los Maestres de las Órdenes Militares de Santiago y Calatrava, los representantes de las ciudades y concejos, y otros nobles y prelados. Las Cortes aprobaron la concesión de cinco servicios, destinados a pagar las soldadas de los ricoshombres e hidalgos.

Don diego lopez de haro Parte II


La conquista de Gibraltar y el sitio de Algeciras (1309)

En la campaña intervinieron el infante Juan de Castilla "el de Tarifa", don Juan Manuel, Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, Juan Núñez de Lara el Menor, señor de la Casa de Lara, Alonso Pérez de Guzmán, Fernán Ruiz de Saldaña, y otros magnates y ricoshombres castellanos. También tomaron parte en la empresa las milicias concejiles de Salamanca, Segovia, Sevilla, y de otras ciudades. Por su parte, el rey Dionisio I de Portugal, suegro de Fernando IV de Castilla, envió un contingente de setecientos caballeros a las órdenes de Martín Gil de Sousa, Alférez del rey de Portugal, y Jaime II de Aragón aportó a la expedición contra Algeciras diez galeras. El Papa Clemente V, mediante la bula "Prioribus, decanis", emitida el día 29 de abril de 1309 en la ciudad de Aviñón, concedió a Fernando IV de Castilla la décima parte de todas las rentas eclesiásticas de sus reinos durante tres años, a fin de contribuir al sostenimiento de la guerra contra el Reino de Granada.


Desde la ciudad de Toledo, Fernando IV se dirigió a Córdoba, donde los emisarios del rey de Aragón le anunciaron que Jaime II el Justo estaba dispuesto para comenzar el sitio de Almería. En la ciudad de Córdoba el rey Fernando IV discutió de nuevo el plan de campaña, pues su hermano el infante Pedro, su tío el infante Juan de Castilla "el de Tarifa", don Juan Manuel y Diego López V de Haro, entre otros, se oponían al proyecto de cercar la ciudad de Algeciras, ya que todos ellos preferían saquear y devastar la Vega de Granada mediante una serie de ataques sucesivos que desmoralizarían a los musulmanes granadinos. No obstante, la voluntad de Fernando IV prevaleció y las tropas castellano-leonesas se prepararon para sitiar Algeciras. Los últimos preparativos de la campaña fueron realizados en la ciudad de Sevilla, a la que Fernando IV llegó a principios de julio de 1309. Los víveres y suministros acumulados en la ciudad de Sevilla por el ejército castellano-leonés fueron trasladados por el río Guadalquivir, y posteriormente por mar hasta Algeciras.

El día 27 de julio de 1309 una parte del ejército castellano-leonés se encontraba ante los muros de la ciudad de Algeciras, y tres días después, el día 30 de julio, llegaron el rey Fernando IV de Castilla y su tío el infante Juan de Castilla "el de Tarifa", acompañados por numerosos ricoshombres. Por su parte, el rey Jaime II de Aragón comenzó a sitiar la ciudad de Almería el día 15 de agosto, y el asedio se prolongó hasta el día 26 de enero de 1310. Mientras la ciudad de Algeciras permanecía sitiada por las tropas cristianas, la ciudad de Gibraltar capituló ante las tropas de Fernando IV de Castilla el día 12 de septiembre de 1309. Pocos días después de poner cerco a la ciudad de Algeciras, el rey envió a Juan Núñez de Lara el Menor, a Alonso Pérez de Guzmán, al arzobispo de Sevilla, al concejo de la ciudad de Sevilla y al Maestre de la Orden de Calatrava a que sitiasen Gibraltar, que capituló ante las tropas de Fernando IV de Castilla el día 12 de septiembre de 1309, después de un breve y duro asedio.

A mediados de octubre de 1309, el infante Juan de Castilla "el de Tarifa", su hijo Alfonso de Valencia, don Juan Manuel y Fernán Ruiz de Saldaña, desertaron y abandonaron el campamento cristiano emplazado ante Algeciras, siendo acompañados en su huida por otros quinientos caballeros. Tal acción, motivada porque Fernando IV les debía ciertas cantidades de dinero correspondientes a sus soldadas, provocó la indignación de las Cortes europeas y la protesta de Jaime II de Aragón, quien intentó persuadir a los desertores, aunque infructuosamente, para que regresasen al sitio de Algeciras. Sin embargo, el rey Fernando IV, que contaba con el apoyo de su hermano el infante Pedro, de Juan Núñez de Lara el Menor y de Diego López V de Haro, persistió en su intento de apoderarse de Algeciras.

La escasez y la pobreza de medios en el campamento cristiano llegaron a ser tan alarmantes que el rey Fernando IV se vio obligado a empeñar las joyas y coronas de su esposa, la reina Constanza de Portugal y Aragón, a fin de poder pagar las soldadas de los caballeros y de las tripulaciones de las galeras. Poco después llegaron al campamento cristiano las tropas del infante Felipe de Castilla, hermano de Fernando IV, y las del arzobispo de Santiago de Compostela, quien llegó acompañado de 400 caballeros y buen número de peones. A finales de 1309, Diego López V de Haro enfermó de gravedad como consecuencia de un ataque de gota, lo que vino a sumarse a la defunción de Alonso Pérez de Guzmán, señor de Sanlúcar de Barrameda, al temporal de lluvias que inundaron el campamento cristiano, y a la deserción del infante Juan y de don Juan Manuel. No obstante, a pesar de dichas adversidades, Fernando IV de Castilla persistió hasta el último momento en su objetivo de apoderarse de Algeciras, aunque al final abandonó su propósito.

En enero de 1310 el rey Fernando IV decidió negociar con los granadinos, quienes habían enviado como emisario al campamento cristiano al arráez de Andarax. Alcanzado un acuerdo, en el que se estipulaba que a cambio de levantar el asedio de Algeciras Fernando IV recibiría Quesada y Bedmar, además de 50.000 doblas de oro, el rey ordenó levantar el asedio a finales de enero de 1310.

Muerte y sepultura

En enero de 1310 falleció Diego López V de Haro en el asedio de Algeciras y María II Díaz de Haro, esposa del infante Juan, tomó posesión del señorío de Vizcaya. A continuación, el infante Juan de Castilla "el de Tarifa" devolvió al rey las villas de Paredes de Nava, Cabreros, Medina de Rioseco, Castronuño y Mansilla. El cadáver de Diego López V de Haro fue llevado a la ciudad de Burgos, donde recibió sepultura en el desaparecido monasterio de San Francisco de Burgos, en el que había sido enterrada previamente su esposa, la infanta Violante de Castilla y Aragón.

Nupcias y descendencia

Diego López V de Haro y su esposa, la infanta Violante de Castilla y Aragón, fueron padres de:
Lope Díaz de Haro (1285-1322), señor de Orduña y Valmaseda y alférez del rey Fernando IV el Emplazado. Falleció sin dejar descendencia.
Fernando Díaz de Haro, señor de Orduña y Valmaseda a la muerte de su hermano. Contrajo matrimonio en 1315 con María de Portugal y Manuel.
Pedro López de Haro, quien murió siendo niño.
María Díaz de Haro, señora de Tordehumos. Contrajo matrimonio con Juan Núñez II de Lara, señor de Lara y Albarracín




martes, 20 de noviembre de 2012

Parque de Doña Casilda

Llevo este ultimo mes escribiendo post de protagonistas de la historia , la mayor parte belicas .
Pero hay un sitio en mi querido botxo donde entre siendo un engreido chaval que se creia el rey  del manbo y sali de el muchos años despues convertido en alguien mejor .
Un lugar  donde me enamore ,  donde conoci a gente que pasados muchos años puedo llamar amigos y donde algo que era solo una aficion  se convirtio en parte fundamental de mis 30 años de vida .
El parque de los patos



El parque de Doña Casilda de Iturrizar constituye, con una superficie de 115.200 m2, una de las zonas verdes más amplia del centro de Bilbao, con una belleza y tranquilidad que proporciona descanso y relajación a quienes pasean por él.


Parque Doña Casilda

Diseñado por Ricardo Bastida y Juan de Egiraun en 1920, el parque de Doña Casilda se extiende desde la plaza del Sagrado Corazón hasta el Museo de Bellas Artes, contando con amplias zonas de césped y un frondoso arbolado por el que discurren paseos, senderos y estanques, además de monumentos como por ejemplo una efigie del popular payaso Tonetti.

El parque de Doña Casilda cuenta con más de 1500 especies botánicas, de entre los que destacan 486 ejemplares de árboles exóticos de los cinco continentes. De todas formas, no faltan los chopos, plátanos y tilos.

En la parte más próxima al Palacio Euskalduna, se encuentra una fuente dedicada al pintor Adolfo Guiard, flanqueada por dos bloques con tallas que representan la Muerte y la Gloria.

El centro del parque se encuentra el monumento en memoria de Doña Casilda de Iturrizar, formado por un busto sobre un pedestal que desglosa su vida dedicada al mecenazgo y la caridad.El monumento de Doña Casilda, obra de Agustín de Querol, estuvo situado en la plaza Moyúadesde 1906 hasta 1946, cuando cambió su emplazamiento por el actual. Doña Casilda de Iturrizar y Urquijo (1826-1900) era la viuda de Tomás Epalza, uno de los fundadores del Banco de Bilbao. Dedicó los últimos años de su vida a patrocinar las artes y a labores asistenciales, financiando las escuelas de Tívoli, la Casa de la Misericordia y el Hospital de Basurto.


Parque Doña Casilda - Busto dedicado a Doña Casilda de Iturrizar

En la zona central, más baja, se sitúa el popular estanque de patos (y cisnes) que hace que el parque de Doña Casilda se conozca también como “el parque de los patos“.


Parque Doña Casilda - Estanque de los Patos

En los bordes del estanque puede verse un palomar y la casa del jardinero. Desde 2006, un monolito en mármol negro situado junto a la casa del jardinero, recuerda a las víctimas del terrorismo.


Parque Doña Casilda - Recuerdo a las Victimas del Terrorismo

En la zona más baja, próxima al Museo de Bellas Artes, se encuentra una obra de Néstor Basterretxea, inaugurada también en 2006 y dedicada a las víctimas del franquismo.


Parque Doña Casilda - Recuerdo a las Victimas del Franquismo

Y donde  hace unos años estaban unas canchas de baloncesto magnificas donde gente de todas  las edades nos juntabamos a jugar baloncesto.
Nota aclarativa  uso el termino gente para referirme tanto a jugadores como jugadoras de baloncesto , a todos nos gustaba el baloncesto y para mi todos eramos jugadores.

Informacion sacada del blog



martes, 13 de noviembre de 2012

López de Legazpi



Biografía

López de Legazpi nació en la localidad guipuzcoana de Zumárraga, España, con dudas sobre el año de nacimiento, que podría ser 1502, 1503, 1505 o incluso 1510, y murió en Manila, Filipinas, el 20 de agosto de 1572. Proveniente de una familia de la pequeña nobleza guipuzcoana, con el título de hidalgo, fue el segundo hijo de Juan Martínez López de Legazpi y Elvira de Gurruchategui. Su casa natal, denominada Jauregi Haundia (el Palacio grande en euskera), pero más conocida como Miguel López de Legazpi dorretxea, se conserva en Zumárraga.

Su padre luchó en Italia y en Navarra con las tropas de la corona de Castilla. Miguel realizó estudios de letrado y eso le valió para ocupar el cargo de concejal en el Ayuntamiento de Zumárraga en 1526, y al año siguiente el de escribano en la Alcaldía Mayor de Areria(Guipúzcoa), que ocupó a la muerte de su padre y en la que fue confirmado por el Rey el 12 de abril de 1527. El Virrey de México, Luis de Velasco, lo define en una de sus cartas como hijohidalgo notorio de la casa de Lezcano.

Viaje a México

En 1545 se trasladó a México, en donde estuvo durante 20 años. Ocupó diversos cargos en la administración de la colonia de Nueva España; fue Escribano Mayor en 1551 y Alcalde Mayor de la ciudad de México en 1559, 38 años después de su conquista. Antes había trabajado en la Casa de la Moneda en puestos de alto cargo.

Se casó con Isabel Garcés, hermana del obispo de Tlaxcala Juan Garcés, y de dicha unión nacieron nueve hijos (cuatro varones y cinco mujeres). En 36 años de estancia en Nueva España (de 1528 a 1564) reunió una importante fortuna.

La casa de Legazpi en la capital azteca fue una de las principales y a ella acudían muchos recién llegados que buscaban la fortuna en las nuevas tierras recién descubiertas y dispuestas a ser conquistadas. Su hijo Melchor define de esta manera la casa de su padre en una carta dirigida al Rey:


muchos hidalgos y caballeros pobres que iban de estos reinos iban sin conocerle a su casa por la antigua costumbre que de siempre en ella hubo y porque a las personas tales siempre en ella se les dio de comer y vestir y lo necesario. Lo cual ha sido cosa muy notoria y sabida en todo aquel reino.

Las expediciones anteriores no habían logrado realizar la ruta de vuelta por el Gran Golfo, que era como se llamaba entonces al Pacífico hasta México. Felipe II determinó que había que explorar la ruta desde México a las islas Molucas y encargó la expedición de dos naves a Luis de Velasco, segundo Virrey de Nueva España, y al fraile agustino Andrés de Urdaneta, que era familiar de López de Legazpi, que ya había viajado por esos mares. La carta en la que el rey pide a Urdaneta que se sume a la expedición dice así:


El rey: Devoto Padre Fray Andrés de Urdaneta, de la orden de Sant Agustín: Yo he sido informado que vos siendo seglar fuisteis en el Armada de Loaysa y pasasteis al estrecho de Magallanes y a la Espacería, donde estuvisteis ocho años en nuestro servicio. Y porque ahora Nos hemos encargado a Don Luis de Velasco, nuestro Virrey de esa Nueva España, que envíe dos navíos al descubrimiento de las islas del Poniente, hacia los Malucos, y les ordene los que han de hacer conforme a la instrucción que es le ha enviado; y porque según de mucha noticia que diz que tenéis de las cosas de aquella tierra y entender, como entendéis bien, la navegación della y ser buen cosmógrafo, sería de gran efecto que vos fuesedes en dichos navíos, así para toca la dicha navegación como para servicio de Dios Nuestro Señor y y nuestro. Yo vos ruego y encargo que vais en dichos navíos y hagáis lo que por el dicho Virrey os fuere ordenado, que además del servicio que hareis a Nuestro Señor yo seré muy servido, y mandaré tener cuenta con ello para que recibáis merced en hobiere lugar.

De Valladolid a 24 de Septiembre de 1559 años.

Yo el Rey

Las Filipinas, que habían sido descubiertas en el viaje, el primero, alrededor del mundo que realizaron Magallanes y Elcano, caían dentro de la demarcación portuguesa según el Tratado de Tordesillas de 1494, pero aun así Felipe II quería rescatar a los supervivientes de la expedición anterior de Villalobos (1542–1544), que fue quien bautizó al archipiélago con el nombre de Filipinas en honor al, entonces príncipe, Felipe, el proximo Rey Felipe II.

Velasco hizo los preparativos en 1564 y López de Legazpi, ya viudo, fue puesto al mando de dicha expedición a propuesta de Urdaneta, siendo nombrado por el Rey «Almirante, General y Gobernador de todas las tierras que conquistase», aun cuando no era marino. La expedición la componían cinco embarcaciones y Urdaneta participaba en ella como piloto. Legazpi vendió todos los bienes, a excepción de la casa de México, para hacer frente a la expedición, que sufrió retrasos debido a la atracción que la Florida empezó a tener entre los colonos mexicanos. Enroló en la expedición a su nieto Felipe de Salcedo, así como a Martín de Goiti en calidad de capitán de artillería.

El 1 de septiembre de 1564, el presidente y oidores de la Real Audiencia de México dan a Legazpi el documento donde especifican las instrucciones y órdenes que llevaba la expedición. El extenso documento, que ocupaba más de 24 páginas, detallaba todo un código de normas de control, comportamiento y organización, así como la recomendación de dar buen trato a los naturales, que llegaba hasta a indicar cómo se debían de repartir las raciones y evitar que existieran bocas inútiles;


... que no haya en la dicha Armada, criados ni mozos de servicio superfluos... y si más gente fuera, en especial de la inútil...

Aunque hace una salvedad en cuanto al servicio, al conceder una docena de personas destinadas a esas labores prohibiendo cualquier subida a bordo de otro tipo, dice el documento en este punto:


Otrosi: no consentiréis que por vía ni manera alguna se embarquen ni vayan los dichos navíos, indios o indias, negros o negras, ni mujeres algunas, casadas ni solteras de cualquier calidad y condición que sea, salvo hasta una docena de negros y negras de servicio, los cuales repartiréis en todos los navíos, como os pareciese.

Con las cinco naves y unos 350 hombres, la expedición que encabezaba López de Legazpi partió del puerto de Barra de Navidad, Jalisco, el 21 de noviembre de 1564 después de que el 19 de noviembre se bendijeran la bandera y los estandartes.
De la isla de Guam a Filipinas

La expedición atravesó el Pacífico en 93 días y pasó por el archipiélago de las Marianas. El 22 de enero desembarcaron en la isla de Guam, conocida por isla de los Ladrones, que identifican por el tipo de velamen de sus embarcaciones y canoas que ven. Legazpi ordena lo siguiente:


que ninguna persona de la Armada fuese osado de saltar a tierra sin su licencia y los que en ella saltasen no hicieran fuerza, agravio ni daño alguno a los naturales ni de ellos tomasen cosa ninguna, así en sus bastimentas como de otras cosas, y que no les tocasen en sus sementeras, ni labranzas, ni cortasen palma ni otro árbol alguno, y que no diesen ni contratasen con los naturales cosa ninguna de ningún género que fuese, sino fuese por mano de los Oficiales de Su Majestad, que tenían cargo de ello, so graves penas, y a los Capitanes que lo consintieran, so pena de suspensión de sus oficios.

Compraron alimentos a los nativos y tomó posesión de la isla para la Corona española. El 5 de febrero salen rumbo hacia las llamadas Islas de Poniente, las Filipinas. El día 15 tocan tierra en la isla de Samar, en donde el Alférez Mayor, Andrés de Ibarra, tomó posesión de la misma previo acuerdo con el dirigente local. El 20 del mismo mes se hacen de nuevo a la mar y llegan a Leite, en donde Legazpi levanta el acta de rigor de toma de posesión, aún con la hostilidad de sus habitantes. El 5 de marzo llegan al puerto de Carvallán.

Itinerario seguido por la expedición de Miguel López de Legazpi en el Archipiélago Filipino.

La escasez de alimentos impulsó la búsqueda de nuevas bases, para lo que se fueron extendiendo los dominios españoles sobre las diferentes islas, llegando a dominar gran parte del archipiélago, a excepción de Mindanao y las islas de Sulú. Esta expansión se realizó con relativa facilidad, al estar los diferentes pueblos que ocupaban las islas enfrentados los unos a los otros, y al establecer Legazpi relaciones amistosas con algunos de ellos, por ejemplo, con los nativos de Bohol mediante la firma de un «pacto de sangre» con el jefe Sikatuna. Los abusos que en el pasado habían cometido los navegantes portugueses en algunos puntos del archipiélago motivaron que algunos pueblos opusieran a Legazpi una fuerte resistencia.

En una reunión deciden establecer un campamento para pasar el invierno en la isla de Cebú, que estaba muy habitada y tenía mucha provisión de alimentos, a la que llegan de nuevo el 27 de abril. Estiman que...


si no quisieren los naturales de la tierra dalles bastimentos por precios justos y usados y ser amigos nuestros, como el general pretendía, se les podrá hacer guerra justamente.

Sus ansias de paz toparon con los recelos del gobernador local, el Rajah Tupas, que era hijo del que años antes había liquidado a 30 hombres de la expedición de Magallanes en un banquete trampa. Legazpi intentó negociar un acuerdo de paz, pero Tupas mandó a una fuerza de 2.500 hombres contra las naves de los españoles. Después de la batalla, Legazpi volvió a intentar acordar su establecimiento pacífico y de nuevo fue rechazado.

Las tropas españolas desembarcaron en tres bateles al mando de Goiti y Juan de la Isla, y los navíos dispararon sus cañones contra el poblado, destruyendo algunas casas y haciendo huir a los habitantes. Los españoles, que tenían una necesidad imperiosa de abastecimiento, registraron la población sin encontrar nada que pudiera servirles.

En el registro, un bermeano encuentra en una choza la imagen del Niño Jesús (al que llamarían Invención del Niño Jesús y que actualmente está en la iglesia que posteriormente construyeron los Agustinos en Cebú) y que debía de proceder de alguna expedición anterior. Legazpi manda iniciar los trabajos del fuerte, que comienzan con el trazado del mismo el 8 de mayo. Ante estos hechos, el rey Tupas acompañado por Tamuñán se presentó a Legazpi, que los recibió en su barco La Capitana, para acordar la paz. Se realiza el juramento de sangre, que consistió en que


el gobernador se sangró el pecho en una taza y lo mismo el Tupas y Tamuñán, y se sacara la sangre de todos tres se revolvió con un poco de vino, el cual se echó en tres vasos, tantos el uno como el otro lo bebieron todos los tres, á la par, cada uno su parte

y funda allí los primeros asentamientos españoles: la Villa del Santísimo Nombre de Jesús y la Villa de San Miguel, hoy Ciudad de Cebú, que se convertiría en la capital de las Filipinas y en base de la conquista de las mismas.

Legazpi envía a su nieto Felipe de Salcedo de vuelta a México y lleva de cosmógrafo a Urdaneta, que informó del descubrimiento de la ruta de navegación por el norte del Pacífico hacia el este y se opuso a su conquista al caer dentro de los dominios asignados a los portugueses. Estos mandaron una escuadra a la conquista de la recién fundada Villa de San Miguel, pero fue rechazada en dos ocasiones, en 1568 y 1569.

Como respuesta a la expulsión española de las Molucas, Felipe II decidió mantener el control sobre las Filipinas. Para ello nombró a Legazpi gobernador y capitán general de Filipinas y envió tropas de refuerzo.

En Cebú, Legazpi tuvo que hacer frente a un levantamiento de algunos de los gentilhombres, que acaban derrotados y en la horca.

En 1566 llega el galeón San Gerónimo desde México, con lo que queda definitivamente confirmada la ruta. En 1567, 2.100 españoles, los soldados mexicanos y los trabajadores llegaron a Cebú por órdenes del rey. Fundan una ciudad y construyen el puerto de Fortaleza de San Pedro, que se convirtió en su puesto avanzado para el comercio con México y la protección contra rebeliones nativas hostiles y los ataques de los portugueses, que fueron definitivamente rechazados. Las nuevas posesiones fueron organizadas bajo el nombre de islas Filipinas.

Legazpi destacó como administrador de los nuevos dominios, en donde introdujo las encomiendas, tal como se hacía en América, y activó el comercio con los países vecinos, en especial con China, para lo que aprovechó la colonia de comerciantes chinos establecidos en Luzón desde antes de su llegada. La cuestión religiosa quedó en manos de los Agustinos dirigidos por fray Andrés de Urdaneta.

La conquista siguió por las islas restantes, Panay (donde estableció su nueva base), Masbate, Mindoro y, finalmente, Luzón, donde encontró la gran resistencia de los tagalos.
Fundación de Manila

La prosperidad del asentamiento de Maynilad atrajo la atención de Legazpi en cuanto este tuvo noticias de su existencia en 1568. Para su conquista mandó a dos de sus hombres,Martín de Goiti y Juan de Salcedo, en expedición al mando de unos 300 soldados. Maynilad era un enclave musulmán, situado al norte de la isla de Luzón, dedicado al comercio.

Salcedo y Goiti llegaron a la bahía de Manila el 8 de mayo de 1570, después de haber librado varias batallas por el norte de la isla contra piratas chinos. Los españoles quedan sorprendidos por el tamaño del puerto y son recibidos amistosamente, acampando por algún tiempo en las proximidades del enclave. Al poco tiempo se desataron incidentes entre los nativos y los españoles y se produjeron dos batallas, siendo derrotados los nativos en la segunda de ellas, con lo que el control de la zona pasó a manos españolas después de los correspondientes protocolos y ceremonias de paz, que duraron tres días. Fue el Rajah Matanda quien entregó Maynilad a López de Legazpi.

Legazpi llegó a un acuerdo con los gobernantes locales Rajahs Suliman, Matanda y Lakandula. En el mismo se acordaba fundar una ciudad que tendría dos alcaldes, 12 concejales y un secretario. La ciudad sería doble, la intramuros, española, y la extramuros indígena.

Con la conquista de Maynilad se completó el control sobre la isla de Luzón, a la que Legazpi llamó Nuevo reino de Castilla. Reconociendo el valor estratégico y comercial del enclave, el24 de junio de 1571 Legazpi fundaba la Siempre Leal y Distinguida Ciudad de España en el Oriente de Manila y la convirtió en la sede del gobierno del archipiélago y de los dominios españoles del Lejano Oriente.

La edificación de la ciudad —dividida en dos zonas, la de intramuros y la de extramuros— se debió a la real orden que Felipe II emitió desde el Monasterio de San Lorenzo del Escorial el 3 de julio de 1573, y en la que se planificaba la zona de intramuros al estilo español de la época, con carácter defensivo según planos de Herrera, arquitecto de El Escorial, y dejando extramuros para las aldeas indígenas que más tarde darían lugar a nuevos pueblos y acabarían, con el tiempo, integrando la urbe de Manila.

Cuatro años después de su fundación, Manila sufrió un ataque a manos del pirata chino Lima-Hong. El gobernador Guido de Lavezares y el maestre de campo Juan de Salcedo, al mando de 500 españoles, expulsaron a la flota mercenaria chino-japonesa.
Muerte de Legazpi

Después de proclamar a Manila capital del archipiélago de las Filipinas y de los dominios españoles del Lejano Oriente, López de Legazpi trasladó allí su residencia. Permaneció en Manila hasta su muerte el 20 de agosto de 1572. Miguel López de Legazpi murió de un ataque de apoplejía y en una situación económica precaria, sin saber que el rey Felipe II había firmado una Real Cédula por la que le nombraba Gobernador vitalicio y Capitán General de Filipinas y le destinaba una paga de 2.000 ducados.

Fray Andrés de Urdaneta definía a Miguel López de Legazpi el 1 de enero de 1561, en una carta dirigida al rey Felipe II de la siguiente forma:


El virrey don Luis de Velasco ha nombrado por general para esta jornada a Miguel López de Legazpi, natural de la provincia de Guipúzcoa e veçino desta çiudad donde ha seido casado y al presente está viudo, e tiene hijos ya hombres e hijas casadas que tienen ya hijos, tiene otras hijas ya mugeres para podellas casar; es de edad de más de çinquenta años, es hijodalgo conocido, onrrado e virtuoso e de buenas costumbres y exemplo, de muy buen juicio e natural, cuerdo y reportado, e ombre que ha dado siempre buena quenta de las cosas que se le han encomendado del serviçio de V.M. Espero en Dios que ha de ser muy açeptado en quél vaya por caudillo de la jornada.

Durante la conquista, escribió al Rey varias cartas, las cuales están guardadas bajo el título de Cartas al Rey Don Felipe II sobre la expedición, conquistas y progresos de las islas Filipinas en el Archivo de Indias en Sevilla.